Objetivos e ideas básicas

Mundo sin Guerras y sin Violencia es un movimiento social cuyo objetivo es la creación de una conciencia no-violenta mundial.
Esta nueva conciencia será el paso necesario hacia un mundo libre de violencia, no solamente en su expresión más cruel, las guerras y la violencia física, sino también libre de la violencia económica, racial, religiosa, sexual, sicológica y moral.
Trabaja en particular para el cese de las guerras y los conflictos armados en todo el mundo. Lucha por la eliminación completa de las armas nucleares, por el desarme proporcional y progresivo de las armas convencionales, por el retiro de tropas invasoras de los territorios ocupados, por la renuncia por parte de los gobiernos a utilizar la guerra como medio para resolver conflictos a través de reformas constitucionales que prohíban explícitamente el uso de la guerra y por una redefinición del rol de las Fuerzas Armadas de hoy, estableciendo como función primordial la prevención de las guerras. Para avanzar en esto último es necesario ir limitando el uso de las Fuerzas Armadas, democratizar su funcionamiento y sus relaciones con la sociedad civil, y ponerlas bajo el control público.

Su aspiración es aunar al movimiento antibélico, conectando las ramas del pacifismo y de la no-violencia dispersas geográficamente, y también dar su punto de vista sobre temas aparentemente no relacionados para ir avanzando en una comprensión global de las guerras y la violencia.
Eliminar las guerras representará salir definitivamente de la prehistoria humana y dar un paso de gigante en el camino evolutivo de nuestra especie. Un “mundo sin guerras” es una propuesta que mira al futuro y aspira a concretarse en cada rincón del planeta para que el diálogo vaya sustituyendo a la violencia.

MSG postula el hecho obvio de que la gran mayoría de los seres humanos no quiere las guerras ni la violencia, pero al mismo tiempo no cree que sea posible eliminarlas. Entiende por tanto que, además de realizar acciones sociales, hay que trabajar revisando las creencias acerca de esta supuesta inmodificable realidad.

Sobre la Guerra

La historia universal ha registrado más de 2500 guerras en las que han perecido millones de seres humanos. Las guerras se realizan para redistribuir, por medio de la violencia armada, los bienes sociales, arrebatándolos a unos y entregándolos a otros.
Este interés se encubre hoy con motivos religiosos, geopolíticos, “defensa” de los derechos humanos, etc. Al mismo tiempo, el progreso tecnológico va produciendo armas cada vez más devastadoras que apuntan más y más a la población civil justificándolo como “daño colateral”.
En la sociedad contemporánea existen poderosas fuerzas sociales interesadas en las guerras, tales como el complejo militar-industrial, agrupaciones racistas, nacionalistas radicales y fundamentalistas, grupos mafiosos, etc. La venta de armas es uno de los negocios más lucrativos que realizan muchos países, principalmente los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Pese a todos los intentos de varios organismos internacionales (entre ellos la ONU), se continúa justificando la guerra y la violencia como parte de una supuesta “naturaleza humana”. MSG tiene la visión humanista del ser humano como ser histórico cuya forma de acción social cambia su propia naturaleza . No sólo las guerras y la violencia han acompañado a la humanidad en su desarrollo histórico; hemos visto casi en cada época y en muchos puntos geográficos, la aparición de una actitud ética, solidaria, compasiva, revolucionaria y humanizadora.

Violencia y No-violencia activa

La existencia humana está abierta al mundo y opera en él intencionalmente. Ella puede nihilizar al mundo (y, por tanto al cuerpo, a la naturaleza y/o a la sociedad) o humanizarlo. Es desde esta libertad, desde donde el ser humano elige aceptar o negar las condiciones sociales en que nace, se desarrolla y muere.
Todas las formas de violencia se manifiestan como la negación de la intencionalidad de otro ser humano (y por cierto, de su libertad), como acción de sumergir al ser humano, o a los conjuntos humanos, en el mundo de la naturaleza. Es esta objetivación lo que permite privar a otros de su derecho a la libertad, a la felicidad y, por último, a la vida. Es también esta libertad la que permite a una minoría apropiarse del todo social en violenta concentración de riqueza y recursos.
Así se ha organizado un sistema socioeconómico, de relaciones interpersonales y pautas existenciales cuyo signo particular es la violencia, a la que consideramos normal la mayor parte del tiempo, aunque el dolor y el sufrimiento, personal y social, delatan la necesidad de transformar dicho sistema.
La no-violencia aparece ya en edades muy tempranas en casi todas las culturas y religiones en sus momentos más humanistas, con diferentes expresiones de la Regla de Oro, hasta concretarse en el Principio de Acción Válida “Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas” .
Emergente de tales experiencias se desarrolla entonces la no-violencia como metodología de acción. Desde los movimientos antiesclavistas y de descolonización, hasta los movimientos por los derechos civiles de las minorías raciales, los trabajadores y las mujeres, pasando por la oposición a regímenes totalitarios y al armamentismo, sobre todo nuclear, la no-violencia activa se presenta como la única metodología de acción que es coherente con sus objetivos. El Nuevo Humanismo la aplica ya desde su inicio no a un conflicto en particular sino a la creación de un sistema global, un cambio de signo integral para el mundo en que vivimos.
Hasta tanto el ser humano no realice plenamente una sociedad humana, es decir, una sociedad en la que el poder esté en el todo social y no en una parte de él (sometiendo y objetivando al conjunto), la violencia será el signo bajo el cual se realice toda actividad social. Por ello, al hablar de violencia hay que mencionar al mundo instituido, y si a ese mundo se opone una lucha no-violenta, debe destacarse en primer lugar que una actitud no-violenta es tal porque no tolera la violencia. De manera que no es el caso de justificar un determinado tipo de lucha sino de definir las condiciones de violencia que impone ese sistema inhumano.